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Finanzas

TRASFONDO DEL PANAMA PAPERS

LA SOCIEDAD DE LA TRANSPARENCIA EN LA GEOPOLÍTICA DEL DINERO

por Lidia Fagale

(Periodista argentina. Secretaria general de la UTPBA. Responsable del Observatorio de Medios. Centro de Integración Latinoamericano y Caribeño CILC.)

La divulgación de los «Panama Papers» es un movimiento que no busca la verdad sino la transparencia. La verdad supone que pongamos en contexto cada uno de los elementos. ¿Cuál es entonces la lección de esta campaña mediática y cómo debemos interpretar los esfuerzos –tan aparentes como ineficaces– del presidente Barack Obama para limitar los paraísos fiscales?

RED VOLTAIRE | BUENOS AIRES (ARGENTINA) | 14 DE ABRIL DE 2016 
 
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El presidente Barack Obama y su consejera en materia de paraísos fiscales, la historiadora en temas económicos, Christina Romer.

"Transparencia y verdad no son idénticas. Esta última es una negatividad en cuanto se pone e impone declarando falso todo lo otro. Más información o una acumulación de información por sí sola no es ninguna verdad. Le falta la dirección, a saber, el sentido. Precisamente por la falta de la negatividad de lo verdadero se llega a una pululación y masificación de lo positivo. La hiperinformación y masificación y la hipercomunicación dan testimonio de la falta de verdad, e incluso de la falta de ser. Más información, más comunicación no eliminan la fundamental imprecisión de todo. Más bien la agravan." 
La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han

En un mundo que se plantea políticas de “transparencia” de vez en cuando y al ritmo de la geoestrategia global del dinero, opaca y tergiversa la verdad.

Los millones de documentos que dan cuenta de la existencia de empresas offshore y algunos de los nombres revelados por el Consorcio Internacional Periodistas y el diario alemánSüddeutsche Zeitung, han generado un cúmulo de información que, no constituye por sí sola ninguna verdad. Le falta dirección, darle “sentido”, adoptando la clave de interpretación del filósofo coreano alemán Byung-Chul Han en su pequeño y didáctico libro La Sociedad de la Transparencia, que he citado deliberadamente al comienzo de este artículo.

Algunos medios y sus periodistas, sean o no delestablishment, no han colaborado en esto, o sólo lo han hecho parcialmente, a la hora de aportar categorías de comprensión que permitan saltar de la oscura transparencia informativa a un escalón más próximo a la claridad, siempre imprecisa, de la verdad. No se trata de ser crípticos frente a hechos reales y concretos. Es que se impone cada vez más sospechar de la sobreabundancia informativa y de su dinámica demoledora que tritura el tiempo de la reflexión y todo atisbo que nos lleve a revelar el verdadero fin de todo esto. Por otro lado ha quedado claro que cada país y, de acuerdo al sector que tiene una clara posición dominante en sus estructuras mediáticas y que conforman la dirección de la hegemonía cultural, ha encontrado en el baúl de estos documentos la materia prima para denostar, salpicar, ensalzar, ocultar o manipular «a piachere» de acuerdo a la aspiración y al escenario local. Mientras el sistema económico sigue impoluto y ajeno a todo reproche y condena, así como los principales factores de poder real que lo sostienen, las políticas domésticas juegan su guerrita política en la última división de este partido que abreva en las cuevas del imperio y claro, también de sus tentáculos y representantes nacionales.

Hasta ahora, quiénes se arriesgaron a tirar un poco de la cuerda y pusieron bajo sospecha las verdaderas intenciones de la difusión de los Panamá Papers han advertido quiénes son las Fundaciones u ONG que financian al Consorcio de Periodistas. Este puede ser un dato, pero no suficiente, aunque nos oriente a conocer que sector o sectores están interesados en lavar la cara al sistema, corregir supuestamente “sus desvíos” y anteponerse a posibles ataques públicos. La organización Wikileaks, destacó que el gobierno estadounidense y el especulador devenido en filántropo, George Soros, financiaron una de las instituciones involucradas. Open Society, la fundación dirigida por Soros, que financia a gran parte de las ONG de derechos humanos y libertad de expresión en el mundo, también está registrada como uno de los donantes del Proyecto de Reportajes sobre Crimen Organizado y Corrupción. No hace mucho, varios gobiernos en el mundo y en especial en Latinoamérica, críticos de Estados Unidos, acusaron a USAID de financiar a grupos civiles y fuerzas políticas opositoras, en todos los casos dichas acusaciones fueron ciertas, de acuerdo a los datos aportados por comunicadores alternativos y a las investigaciones encaradas por algunos estamentos judiciales.

El vocero del Departamento de Estado, Mark Toner, reconoció hoy que USAID, la principal agencia que financia en el exterior del país proyectos de desarrollo (¿?), ayudó al Proyecto de Reportajes sobre Crimen Organizado y Corrupción, el programa del Comité para la Protección de Periodistas que colaboró en la investigación mundial desatada por millones de documentos financieros filtrados.

En tanto, algunos medios han vociferado –en un tono didáctico moralista– su condena a “la corrupción”, como un mal que es actuado por “algunos individuos” y en clave de “fenómeno indeseado” dentro del sistema de las democracias actuales. Está claro que un funcionario, un presidente, no puede y no debe verse envuelto en hechos que se insertan en escenarios donde confluyen los negocios sucios de la clase económica y política mundial y a la vez evadir impuestos de los capitales colocados en los paraísos fiscales. Sin embargo, la condena queda en la inconducta y falta de ética del funcionario que se esconde del fisco estatal de su país, sin que esto colabore en darle otra vuelta a la llave que nos abre la puerta del corazón del sistema hacia su verdadera naturaleza..

En esta versión mediática más “benévola” la trapisonda “económica” torna “transparente” la información, mientras oculta la verdad, o una de las verdades más esenciales del sistema económico global. Tras el crack financiero de 2008, el control sobre los paraísos fiscales fue literalmente derrotado. La fuerza del capital se antepuso, incluso a las medidas adoptadas por la OCDE.

La situación amerita claro está, que esos individuos, funcionarios o representantes del empresariado local o internacional sean juzgados, de ser posible, por una justicia autónoma de los intereses económicos y políticos que están en juego, algo que escasea en un mundo donde millones de habitantes pagan con hambre y muerte los voluminosos capitales que se lavan en los paraísos fiscales al ser privados por parte de Estados con doble moral, de salud, educación, alimentación y trabajo bajo argumentos que nunca dan cuenta de que su recaudación fiscal, entre otros factores no menos importantes, está saqueada por empresas multinacionales y multimillonarios que evaden sus obligaciones. Existen datos fehacientes de cómo debido a la evasión fiscal, los Gobiernos no logran recaudar un tributo óptimo de las multinacionales y los multimillonarios, por lo que suelen optar por recortar en inversión pública, destinada a políticas sociales, o por subir los impuestos a los sectores más desfavorecidos, agravando las desigualdades.

Al ritmo de la dinámica de la crisis mundial desatada en 2008 la voraz especulación financiera ha buscado salvarse al amparo de “negocios” donde el lavado de dinero mueve la economía mundial de este siglo, con el tráfico de armas, narcotráfico, tráfico de órganos, la trata de personas y los derivados de las guerras, como, por ejemplo, el de los refugiados políticos o los dineros destinados a la supuesta reconstrucción y ayuda a los países a los que acaban de demoler con objetivos nunca declarados, más bien inventados. El terrorismo y también sus negocios asociados (dinero para logística y armamento, entre otros) encuentra en los paraísos fiscales amparo para su protección y crecimiento.

La mafiatización de la economía es un proceso inherente a la naturaleza del propio capitalismo donde la corrupción (por evasión fiscal o lavado de dinero proveniente de la economía negra,) es consustancial con su objetivo: Mayor acumulación, mayor lucro a corto plazo. Lo que trae aparejado enormes e irreparables desgracias sociales.

Hoy los conglomerados multinacionales están en pie de guerra contra las políticas proteccionistas que intentan implementar algunos Gobiernos, que les dieron otrora vía libre omitiendo los controles necesarios. Esto nos permitiría subir un escalón más y romper el límite que parece imponernos la superabundancia informativa en la lógica de la supuesta transparencia total.

En este tablero de ajedrez las piezas bailan al ritmo de una trituradora de alta velocidad. El capitalismo se devora así mismo y de vez en cuando aplica alguna política correctiva para no perder toda su capacidad de socialización, si es que algo le queda. Hoy esta guerra que se hace más visible a partir de la difusión de los Panamá Papers parece encaminarse a mostrar como los Estados capitalistas necesitan, al haber tocado fondo y devorados por su propia política, repatriar el capital hacia el interior de sus fronteras y de paso “tocar” a representantes que pueden ocupar cargos de mayor o menor porte en países donde necesitan un mayor alineamiento a las políticas de la gran potencia.

Para algunos este escándalo mediático será olvidado sin consecuencias reales para los que figuran en los documentos. Para otros, la investigación periodística llevará a cambios políticos reales en algunos países.También están quienes sostienen que la cobertura tendenciosa de la revelación hará que futuras filtraciones similares no tengan impacto ni la confianza del público.

Un dato, bastante revelador podría orientarnos mejor sobre las verdaderas razones de esta movida: La ausencia de empresarios y multinacionales de Estados Unidos, la cuna de todas las mafias, en los denominados Panamá Papers y la ostensible manipulación de algunos conglomerados mediáticos (que también participan como grupos económicos de esta modalidad, colocando activos en el exterior) que han centrado su atención en forma ostensible en uno de los principales enemigos de la potencia norteamericana, Vladimir Putin. Hoy en el centro de la escena, más allá de sus reiteradas desmentidas. Algunos analistas sostienen que Estados Unidos está reafirmando su propaganda hostil contra sus enemigos, tales como Rusia, China, Venezuela o Siria, para así seguir apostando por la desestabilización de aquellos gobiernos no alineados a las directrices de Washington. Al mismo tiempo sostienen que toda esta operación mediática es una maniobra de "Shock" para que los grandes capitales se vean obligados a trasladar sus capitales a Estados Unidos y tratar de reactivar de este modo su maltrecha economía. Una jugada a escala internacional que aún está por verse si logra su cometido.

Este elemento, podría colaborar a nuestra construcción de la verdad verdadera. No olvidemos que en la dinámica de la geopolítica actual, la posibilidad de una tercera guerra es un dato que no debe ni puede pasar inadvertido. Y la difusión de estos papeles que muestra una parte importante de la mugre de la alfombra global imperialista-capitalista y su mafia económica es también utilizada para descalificar oponentes o ponderar aliados. Además de intentar con el uso de estos datos, poner más de rodillas a Gobiernos que ya lo están o se resisten dignamente a los intentos que por distintas vías, tienen por objetivo no dejar un solo rastro de un proyecto político independiente del Imperio. El ajuste no es sólo económico es también político. Un escenario rico para analizar es la actual situación de algunos países de Latinoamérica donde las denuncias de casos de corrupción –sin perjuicio de la veracidad o no de los hechos y de su tangible manipulación en los relatos mediáticos– están sirviendo para pulverizar lo poco que ha quedado de los modelos económicos implementados tras el consenso de Washington que rompieron en parte con la agenda neoliberal, al aplicar políticas distributivas que habían sacado a vastos sectores de la población de la pobreza y el hambre. Es el caso de Brasil y fundamentalmente de Venezuela. Con este último país, terminarían de liquidar la aspiración independentista que encarnó Hugo Chávez y que se irradió peligrosamente hacia el resto del territorio latinoamericano, con explícitos sentimientos antiimperialistas. En el caso de Argentina aunque suene inimaginable se trata de alinear mejor a la actual gestión que recibió con bombos y platillos al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama y que en 100 días aplicó políticas, cuyos precedentes se pueden encontrar en el terrorismo de Estado y en el terrorismo económico durante la década del 90.

Sin embargo, falta más. Hay otra agenda más a la derecha de la pantalla del televisor, aunque nos parezca inimaginable. El tratamiento mediático benévolo que tuvo el tema en torno a la vinculación del presidente argentino Macri con dos empresasoffshore no se condice con la beligerancia que tuvo y tiene el tratamiento mediático de otros casos de corrupción de funcionarios públicos o empresarios allegados a la gestión anterior. Y esto encuentra su explicación en el cambio político que dio un giro por una opción conservadora con el consenso y el voto de una ciudadanía que aspiraba a una alternancia política y a la militancia a favor de las políticas conservadoras del nuevo mandatario por parte de los grandes conglomerados mediáticos. En tanto, la respuesta “displicente”, “desprendida de toda responsabilidad” del presidente Macri no parece estar en línea con la guerra declarada a los paraísos fiscales, por lo menos a algunos de ellos, del presidente Barack Obama.

El mandatario norteamericano ha desatado una verdadera guerra al proponer modificar la legislación impositiva de su país y limitar así las operaciones de las multinacionales estadounidenses en el extranjero, apuntando a limitar su presencia en los paraísos fiscales. Y esto habla mucho de las garantías que pretende el gobierno de Estados Unidos para sus negocios en nuestras tierras. Además, entre bueyes no hay corneadas. Tampoco mexicaneadas.

Esta política que viene fracasando, incluso en la principal potencia del mundo, trata de impedir que esas empresas paguen menos impuestos y así recuperar para las arcas públicas más de 210 000 millones de dólares en los próximos 10 años, según cálculos de analistas citados por The Wall Street Journal, que asegura que en los últimos años las empresas estadounidenses han depositado 700 000 millones de dólares en bancos del exterior, muchos de ellos en paraísos fiscales.

Está claro, que esta es una de las batallas de la que ya se avizora su más contundente derrota. Porque lo que no podemos desconocer es la génesis y configuración de la nueva delincuencia organizada y del fenómeno del lavado de capitales, donde se destacan: la globalización de los "delitos de comercio ilícito" que conllevan la generación de inmensos beneficios; el proceso de desregularización y globalización producido en el sistema financiero, el cual ha favorecido el lavado de los beneficios forjados por estos delitos; y, allanando el camino para el fraude fiscal. Un fenómeno complejo, que, a su vez, es empleado por empresas, sociedades y particulares de todo el mundo y que surge, en gran medida, al inicio del fin de las trabas a la circulación de capitales muy bien aprovechado por las multinacionales de gran envergadura. Ambas realidades conviven, incluso en el entramado del escenario global se establecen puentes de conexión cuando la política imperial así lo requiere.

Retomemos. La nueva propuesta de Obama no fue bien recibida por empresas como la farmacéutica Pfizer, Oracle y Microsoft, la multinacional Johnson & Johnson, y el conglomerado General Electric, que ya han empezado a presionar a los legisladores “amigos” para bloquear la iniciativa de Obama. Entre los argumentos que plantean las multinacionales estadounidenses es que de aprobarse la reforma no podrían seguir compitiendo de igual a igual con sus rivales extranjeros, muchos de los cuales están exentos de pagar impuestos en sus respectivos países por las operaciones que realizan en el exterior. Además son los que manejan realmente la política de la gran potencia. Mientras el Estado Capitalista está en guerra consigo mismo, necesita recursos para otros frentes de guerra.

En la nueva geopolítica mundial y, fundamentalmente a partir de la crisis del 2008, crecieron exponencialmente los paraísos fiscales. Son 77 repartidos en distintos puntos de este mundo. Un ejemplo: Está ubicado en las Islas Caimán, tiene 350 000 habitantes y un territorio de unos 700 km cuadrados, del que buena parte son islotes deshabitados. Allí están instalados 584 bancos y opera un total de 2 200 fondos especulativos y fondos de pensiones. En total, manejan entre 500 000 millones y 2 billones de dólares, que es tanto como el doble del PIB de España, y hay domiciliadas y en activo unas 44 000 empresas.

Ya en la última cumbre del G-20 y, recientemente Barack Obama, los Estados capitalistas dieron la voz de alarma de cómo el capitalismo se devora así mismo. La guerra es entre aliados entrañables, socios de perrerías varias. Pero el crimen nunca es perfecto. Los Estados atravesados por una furibunda e interminable crisis económica, no pueden seguir prescindiendo de los ciudadanos para renovar o sostener su andamiaje político. Hay que darles algo de comida, algo de trabajo, aunque sea precario, para seguir resistiendo el ajuste que recae sobre millones de seres humanos. Ahora, las condiciones que el propio Estado Capitalista creó, necesita que quienes otrora aprendieron la lección y se titularon en la universidad de la especulación financiera vuelvan a casa y devuelvan en impuestos lo que acumularon. La iniciativa, incluye claros beneficios que incluso no alcanzan a cubrir las expectativas de acumulación de riqueza y competencia de esas multinacionales.

Se trata de Capitalismo versus Capitalismo. La dirección política e ideológica que se le imprime al tratamiento informativo en cada país y a nivel internacional, mostrando y ocultando, juega también su partido de ajedrez en los arrabales de la periferia capitalista y en los actores que protagonizan la política domestica. Los Panama Papers como decía mi abuela, sirven para un barrido como para un fregado. Depende de la dirección político-ideológica que le imprimamos al velo de la abundancia informativa que en este caso, sobrepasa 11 millones de documentos y sólo conocemos un par de líneas.

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