CHILE: LA REPRESIÓN Y LA FARANDULIZACIÓN DE LA POLÍTICA

CHILE: LA REPRESIÓN Y LA FARANDULIZACIÓN DE LA POLÍTICA
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CHILE: LA REPRESIÓN Y LA FARANDULIZACIÓN DE LA POLÍTICA

El estallido social (octubre, 2019) y la pandemia/cuarentena no son hechos aislados o inconexos sino son el resultado de una profunda crisis del capitalismo en Chile y como expresión también de la crisis mundial del capitalismo.

Como es sabido, Chile en estos 30 años de “democracia de los acuerdos”, de perfeccionamiento del neoliberalismo, de transformarse en una de las economías más abierta del mundo (25 tratados de libre comercio firmados por Chile), la locura que invadió al progresismo que corrió apresuradamente para ser parte de la globalización pero también en estos 30 años se ha transformado en uno de los países más desiguales del mundo donde no sólo el rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre sino que se ha vuelto una sociedad cada vez represiva (aplicación del terrorismo policial) como consecuencia de la cada vez mayor concentración de la riqueza.

Todos los gobiernos burgueses instaurados desde 1990 hasta hoy no han hecho más que defender los intereses oligárquicos y perfeccionado el conjunto de leyes represivas que no sólo se dan en el plano del accionar policial y de inteligencia (criminalización del movimiento social y militarización de territorios) sino también en el plano de los derechos laborales donde ya no es posible hablar de una asimetría entre los trabajadores y el empresariado sino de un claro desbalance totalmente favorable al capital.

El capitalismo/neoliberalismo es la fuente misma de todos los tipos de violencia que hoy caracterizan la sociedad chilena donde las cárceles son construidas para los pobres y donde la impunidad es reservada para la elite donde el red set, la whisky izquierda o el progresismo también es parte de esa gala con alfombra roja incluida.

Es este red set, esta whisky izquierda, este progresismo (proveniente de los viejos partidos obreros de principios del siglo XX) que ahora se “horrorizan”, se ·”espantan” con nuevos casos de represión masiva policial (terrorismo de estado) levantando discursos airados, enfurecidos ante esta atrocidades y crímenes únicamente como una forma de erigirse en superiores moralmente ante la derecha fascista comprometida con la dictadura militar de Pinochet. Interponen acusaciones constitucionales y amenazan con no aprobar la partida presupuestaria de la policía a menos que renuncie el General Mario Rozas y declaran que el homicidio frustrado contra Anthony Araya (joven lanzado desde un puente por un policía en medio de una protesta) es un momento de inflexión, marca un antes y un después.

La misma reacción han tenido cada vez que en el pasado se ha asesinado a un manifestante o cuando se reprime brutalmente las manifestaciones pero a la vez no dudan endurecer las leyes represivas otorgándole mayores poderes y recursos a las policías, no dudan en continuar con la militarización de la Araucanía, de continuar con la prisión política desde 1990 y lo que es peor es este mismo progresismo el que no dudó de salvar a Sebastián Piñera cuyo gobierno estaba en caída libre en medio del estallido social. Fue el progresismo el que aplicó la Ley Anti Terrorista al Pueblo-Nación Mapuche también y el que hasta antes de 2019 cooperó con el asesinato de 100 personas en el contexto de manifestaciones (1990-2019). El progresismo tiene también sus manos manchadas con sangre y con crímenes contra la humanidad.

No sólo el ministro del Interior el fascista Víctor Pérez (UDI) y el general Rozas deben renunciar sino también Sebastián Piñera que es el responsable político de la represión número 1 pero eso es pedir mucho a estos pseudos izquierdistas, no pueden avanzar más por cuanto ellos también tienen cuentas pendientes ante la justicia ya sea por la represión desatada como por los múltiples casos de corrupción política que se la han arreglado para que queden impunes.

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