CHILE Y LA CONDENA HIPÓCRITA DE LA VIOLENCIA

(LA BURGUESÍA COMO CLASE GENOCIDA)

CHILE Y LA CONDENA HIPÓCRITA DE LA VIOLENCIA
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Durante el estallido social en Chile (octubre, 2019 – marzo, 2020) se vieron múltiples de escenas de violencia desarrolladas por el pueblo movilizado y en forma espontánea. Barricadas, saqueos, enfrentamiento con la policía militarizada, etc todo en respuesta a las condiciones apremiantes, angustiantes e inhumanas de la gran mayoría, de aquello que llaman “el proletariado”. Ya no eran grupos pequeños de milicianos, de militantes revolucionarios y antisistemicos sino que era el pueblo, y lo sigue siendo, el pueblo movilizado, no por ello organizado, el que ejerce el uso de la violencia, entendiéndola como autodefensa, y quienes no la ejercen directamente (la mayoría la avala y la justifican como único medio para que la clase dominante escuche el clamor mayoritario).

Ante este desborde social (o revuelta proletaria donde la dueña de casa también es parte del corte de vía y de la barricada), el Estado responde de la misma forma que ha respondido siempre, la represión en su forma más cruda y extrema, cuál es, el genocidio como los crímenes contra la humanidad y el terrorismo de estado. El Estado responde con toda la fuerza que se le permite en este momento (no con toda la fuerza total aún) para restaurar lo que ellos denominan “el orden público y el estado de derecho” que no es más que la imposición mediante la fuerza, y de las armas, de la tan mentada “paz social” que el "consenso" ha impuesto para que unos pocos se enriquezcan sobre unos muchos. Para justificar esta nueva ola de crímenes, la clase dominante, pasa a criminalizar la protesta social, militarizar los espacios públicos, construir el enemigo interno y trata de dividir el movimiento social con aquella antigua táctica de “pueblo contra pueblo” poniendo el “combate a la delincuencia” y la puesta en operación de bandas del lumpen proletario / narcos a cometer cuanto se le permita todo para desprestigiar y confundir. Cuentan también con agentes de inteligencia infiltrados para incentivar actos que los medios de desinformación puedan utilizar contra la legítima movilización y autodefensa de las masas.

Este cuadro de violencias no es más que la natural agudización de la lucha de clases propia del desarrollo del capitalismo y de sus crisis sucesivas y cíclicas que ha cruzado toda la historia de Chile y también de toda la humanidad.

El problema, actual, radica en el coro que aparece en medio de la revuelta proletaria que condena al unísono “la violencia venga de donde venga” desde los progresistas y falsos de izquierdas hasta la derecha fascista todos asumen el mismo libreto cual mantra y con los ojos blancos mirando hacia el alto cielo mientras se golpean el pecho como acto de auto flagelación.

La burguesía, cuando en sus inicios cumplía un rol revolucionario, no dudó en aplicar la violencia y el terror (Revolución Francesa) para derrocar al orden feudal, imponer una nueva visión socioeconómica también con la idea de hacer que las ruedas de la historia progresen y superar la antigua sociedad. Una vez que la burguesía asumió un carácter reaccionario definió la violencia de los explotados como delincuencial, injusta e impropia, por cuanto, ahora la burguesía en su rol de clase dominante, al igual que la clase feudal, defendería sus intereses de clase y de privilegio al igual que lo hiciera la clase feudal contra la cual ella misma, la burguesía, se alzó. Esta vez la clase revolucionaria, el proletariado, comenzaría a ejercer en múltiples etapas de la historia mundial la violencia con la misma finalidad que tuvo la burguesía en su inicio, alcanzar su liberación y derrocar la antigua sociedad, esta vez, sociedad burguesa y capitalista.

En nuestra condición de latinoamericanos, los chilenos, hemos sido “educados” desde hace tiempo en la conmemoración del 12 de octubre como una fecha crucial de importancia donde la clase dominante la idealiza y la naturaliza. Para ellos el genocidio cometido en América Latina contra los pueblos originarios, contra las primeras naciones, como en Chile, no es violencia ni motivo de repudio transversal. El asesinato en masa de esos “infieles y salvajes” trajo, según los historiadores oficiales y burgueses, sólo beneficios partiendo por la imposición del castellano y del catolicismo. La cultura judeo-cristiana, occidental, según ellos fue lo mejor que le pudo pasar a esta “banda de salvajes” ya que ayudó a la civilización. Tampoco condenan la Inquisición. El catolicismo tenía que desterrar las creencias ancestrales. De la invasión militar y anexión del Wallmapu ellos la llaman “pacificación” de la Araucanía. El ejercicio de la violencia desde temprano fue siempre justificado por la clase dominante a lo largo de nuestra historia, también.

Desde ahí hasta ahora, la historia de la región de Chile ha registrado 25 matanzas obreras, campesinas y urbanas. Para la historia oficial esos son episodios “normales” donde el Estado ejerció el legítimo uso de la fuerza para imponer, nuevamente, la “paz social” e impulsar el desarrollo que no es más que continuar con el enriquecimiento ilícito de la clase dominante.

En todas esas matanzas, las fuerzas armadas han cumplido cabalmente la función de brazo armado de la burguesía perpetrando los peores crímenes todos ellos en defensa de los intereses bastardos de la clase dominante quedando al descubierto que los ejércitos, al final de cuenta, no se arman para defender “la patria o la nación” como tampoco las “fronteras” sino para apuntar sus armas contra el pueblo cada vez que este se alza por sus derechos y vida digna.

La esencia de la violencia de la sociedad de clases radica precisamente en la existencia de la lucha de clases, en la existencia de una clase minoritaria autoritaria, despótica, dictatorial y totalitaria que no sólo se apropia de la plusvalía sino que monopoliza todos los recursos y fuerza imponiendo el totalitarismo (dictadura del capital) al cual denominan democracia burguesa pero también la violencia (institucionalizada) se da también en la existencia misma del Estado cuya función se dotar a la clase dominante del instrumento para que pueda oprimir a la clase mayoritaria: el proletariado. Eso es violencia, pero obviamente esta violencia no es condenada transversalmente por quienes hoy condenan la autodefensa de las masas proletarias.

La lucha de clases no se da en el aire, en lo abstracto, en el espacio sino en condiciones concretas, materiales. Esta violencia capitalista tiene sus efectos tanto en la precarización de las vidas proletarias como también costos en vidas como consecuencia del abuso de poder como de los efectos de la explotación capitalista (muertos por enfermedades curables, por jornadas extenuantes de explotación, por enfermedades laborales, por las listas de esperas para la atención de salud, etc) pero también, en el caso de Chile, en:

a) La riqueza privada en Chile llegó a $393 mil millones en 2016 ¿Cuánto será hoy?

b) 115 familias chilenas manejan el 12,7% de la fortuna del país, lo que supone US$50.018 millones.

c) 11 familias con más de US$ 1 millón de patrimonio.

d) En 2013 los ingresos de los 20 mayores grupos económicos sumaron US$145 mil millones, el equivalente al 52,61% del Producto Geográfico Bruto total de Chile. ¿Cuánto será hoy?

e) El 1% acumula el 30,5% de los ingresos; el 0,1% el 17,6% y el 0,01% cerca del 10%. Dentro de ese 1% más rico, el 0,1% equivalente a 1.200 individuos, posee un ingreso per capita que equivale a más de 1.200 veces el ingreso per capita del 99% más pobre de la población y es casi 3 mil veces mayor que el ingreso promedio del 80% más pobre de los chilenos.

f) US$6.045 millones es la Deuda por Imposiciones Impagas. ¿Cuánto será hoy?

g) $178 mil millones de pensiones de afiliados fallecidos que las AFP no entregan a los deudos quedándose la AFP con esos fondos.

h) Las AFPs obtuvieron en GANANCIAS / UTILIDADES (2019) $401.884.647.000 equivalente a $1.472.104. 934 diarios.

Estadísticas como estas que muestran la esencia criminal y violencia del capitalismo en Chile, y debe ser igual o peor en otros países sometidos al neocolonialismo, hay muchas y numerosas publicaciones que analizan la sociedad criminal y violenta como es la chilena donde la segregación social es una de sus principales características entre muchas otras.

Pero hay otras cifras interesantes que se deben comparar con las anteriores.

El diario ultra reaccionario, El Mercurio, en su edición del Domingo 18 de octubre (2020), en su cuerpo D (página 14) “Recuento de un estallido” da a conocer algunas estadísticas sobre el estallido social del 2019 bajo el subtítulo “Costos y daños de la violencia”:

“Desde el 18 de octubre hasta inicios de esta semana, el ministerio del Interior registraba: 2.987 eventos graves, 5.289 carabineros lesionados, 1.660 civiles heridos, 180.217 detenidos, 104 buses incendiados, 1.552 ataques a vehículos policiales, 136 ataques a estaciones del metro”.

“US$255 millones fueron destinados para la reparación del metro, costo que se desglosa en 7 estaciones totalmente incendiadas, 18 parcialmente incendiadas y 98 con múltiples deterioros”.

“US$50 millones se calculan para daños en edificios municipales, señaléticas, cámaras de seguridad, luminarias y mobiliario urbano”.

“$4.579 millones se estiman para el arreglo de edificios no habitacionales, veredas, calles, y equipamiento de tráfico”.

“14.823 micro, pequeñas y medianas empresas reportan algún daño tras las manifestaciones iniciadas en octubre de 2019. De ellas, sólo el 9.1% cuenta con seguros, 44% son lideradas por mujeres y las más afectadas son las micro (51%) t pequeñas (23%)”.

Las estadísticas presentadas por el diario reaccionario, El Mercurio, son sólo parte del efecto de la violencia popular ante el enriquecimiento ilícito visto en las otras estadísticas sobre los más ricos en Chile. La sumatoria de todos los daños causados a la propiedad no llegan ni se acercan a los cuantiosos recursos económicos que poseen los más ricos en Chile, entonces, ¿por qué el escándalo?

La clase dominante, por muy poderosa que sea, no puede soñar ni esperar que la clase dominada este eternamente sometida y pasiva. Sabrá que la paciencia se acaba y las masas explotan. Pero, el estallido social de octubre (2019) y que duró cinco meses no es producto del fin de la paciencia sino de dos elementos esenciales.

El marxismo plantea que las revoluciones se producen cuando las “condiciones objetivas” (crisis económica) y las “condiciones subjetivas” (factor conciencia de las masas) se dan a la vez entre otros requisitos para su triunfo. Desde esta perspectiva, el estallido social no se podría haber dado, y seguir dándose, si es que estas dos condiciones se estuvieran aproximando y que existen elementos de cada uno de estas condiciones que han permitido que se desate toda la furia. La furia mayoritaria se da porque las masas se dan cuenta de las condiciones miserables e inhumanas de sus vidas (condiciones objetivas) con la toma de conciencia que mediante el mero esfuerzo personal (responsabilidad laboral) resulta imposible alcanzar niveles óptimos de vida por cuanto el peso de la clase dominante, al cual identifican como “clase política” y el “gobierno”, es demasiado y son muchos los obstáculos reales que no permiten el avance individual salvo el avance en el eterno endeudamiento y eterna miseria (generación tras generación). También se dan cuenta que las instituciones del Estado como del gobierno son incapaces para resolver sus problemas vitales, por lo tanto, la única vía que queda, la única vía correcta es la aplicación de la violencia popular, la autodefensa para avanzar en la conquista de sus más sentidas demandas.

Ante la explosión de la violencia popular y de las manifestaciones multitudinarias, la clase dominante cae en el espanto porque, primero, ya el ejercicio de la violencia no le es privativo a ella, exclusivamente, los pobres y marginados ya se han dado cuenta de los beneficios de su uso.

Segundo, porque aun cuando la clase dominante sabe que esa violencia popular es en la mayoría espontánea, por tanto, no organizada, sabe que ese es el germen para que se transforme en violencia revolucionaria, es decir, que sea una violencia organizada y dirigida por un destacamento revolucionaria que sea a la vez el germen de un futuro ejército revolucionario que pueda tumbar a los señores “feudales” de hoy como lo hizo la burguesía cuando era revolucionaria. Los mandatarios de hoy no quieren correr la misma suerte que la realeza francesa o la misma suerte del Zar.

Para evitar que la violencia popular y las amplias movilizaciones no pasen de la lucha por las demandas y adquieran un contenido anti capitalista, anti burgués, anti oligárquico y anti imperialista, el Estado arremete con todo y utiliza todos los resortes del poder, incluyendo el Plebiscito del 25 de octubre, como una forma de ganar tiempo, revalidar el sistema altamente desprestigiado y repudiado y devolver la lucha de clases, mediante su atenuación y conciliación de clases, a los cauces “normales” donde han estado siempre y que le ha permitido esa “paz social” que ahora han perdido en parte. Para ello recurren a los reformistas, a los progresistas, a los que le tienen terror al protagonismo de las masas populares, a los que le temen a la revuelta proletaria y a la violencia popular. Es por ello que el coro de condenar la violencia venga de dónde venga es transversal a todo el arco político (parlamentario y sistémico) pero poco creíble en un porcentaje cada vez más mayoritario entre las masas como consecuencia del terrorismo policial y del asesinato de manifestantes.

En este contexto, el plebiscito tiene esa finalidad de adormecimiento de las masas y reencauzarlo hacia dentro del Estado, hacia dentro de la institucionalidad también como una forma de dividir al movimiento social y producir el “aislamiento” de la izquierda “ultra” / “anarquista” que sería la que realiza las barricadas y otras acciones directas. Pero no quieren darse cuenta (o lo ocultan) que esas acciones por lo general son acciones del mismo pueblo movilizado que no precisamente pueden obedecer a una organización revolucionaria como tal sino obedecer al profundo hastío.

Antes esto último, y más allá del rechazo de la salida burguesa que es el plebiscito por quién escribe esta nota, cabe recordar una de las sentencias más claras e importantes de Salvador Allende en uno de sus múltiples discursos fue: “Primero utilizaremos la ley y después la violencia revolucionaria”. Esta sentencia cobra hoy una importancia cardinal porque cabe la pregunta: si se agotó la ley ¿estamos cerca de la utilización de la violencia revolucionaria?

Las masas cada vez más desbordan, desoyen los llamados de la clase política, de los partidos tradicionales y cada vez aquello de QUE SE VAYAN TODOS cobra más sentido en las masas, entonces, ¿la violencia revolucionaria es lo que viene? Si la respuesta es afirmativa, entonces, el movimiento social se tendrá que superar a sí mismo, adquirir esa conciencia para sí que se requiere, y tendrá que ser la misma agudización de la lucha de clases la que obligue al nacimiento de un movimiento revolucionario en forma, esto es, para que este gran esfuerzo no sea en vano y para que la violencia capitalista sea respondida.

Pero hay más, desde otra perspectiva, sobre la hipocresía de la burguesía en cuanto a la condena de la violencia.

Para entender también cómo se expresa la violencia, podemos recurrir a Johan Galtung y su Triángulo de la Violencia.

Cabe señalar que Johan Galtung (noruego) es un experto en investigación sobre la paz y los conflictos sociales. Ha participado también en más de 40 conflictos como mediador internacional.

¿Qué nos dice el Triángulo de la Violencia de Galtung? (extracto / resumen)

Plantea que la VIOLENCIA VISIBLE es cómo la punta de un iceberg solamente es una parte quedando el resto oculta. Es una pequeña parte del conflicto.
1) La violencia directa, la cual es visible, se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia.

2) La violencia estructural, que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las necesidades.

3) La violencia cultural, la cual crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes.

“A menudo, las causas de la violencia directa están relacionadas con situaciones de violencia estructural o justificadas por la violencia cultural: muchas situaciones son consecuencia de un abuso de poder que recae sobre un grupo oprimido, o de una situación de desigualdad social (económica, sanitaria, racial, etc,) y reciben el espaldarazo de discursos que justifican estas violencias”.

“Esta forma de la violencia hace referencia a aspectos de la cultura que la legitiman a través del arte, la religión, la filosofía, el derecho, etc”.

“De los tres tipos de violencia (directa, estructural y cultural) la directa es clara y visible, por lo que resulta relativamente sencillo detectarla y combatirla. En cambio, la violencia cultural y la violencia estructural, son menos visibles, pues en ellas intervienen más factores, detectar su origen, prevención y remedio es más complicado”.

“La violencia cultural se utiliza para lograr la aprobación de posturas fanáticas en lo ideológico, en lo económico, en las relaciones de género, en las relaciones con la naturaleza, etc. Se basa en un amplísimo entramado de valores que asumimos continuamente desde pequeños y que luego se refuerzan con las normas legales de la sociedad para inculcarnos una cultura opresiva porque es acrítica y delegadora y porque nos prepara para la colaboración pasiva y/o activa con estructuras injustas e insolidarias. Por tanto, el problema es que luchar contra este tipo de violencia es muy complicado, puesto que nuestra sociedad cultural nos acerca a la idea profunda de la visión negativa de los conflictos, de nuestra visión simple, miedosa e impuesta de la paz, con lo que encontrar alternativas a la manera de vivir y de actuar queda reducido y poco”.

“La violencia directa, física y verbal son visibles en forma de conductas, responde a actos de violencia y se concreta en comportamientos. Es la que realiza un emisor o actor intencionado (en concreto, una persona), y quien la sufre es un ser vivo dañado o herido física o mentalmente”.

“Entendiendo la violencia como la aplicación de métodos fuera de lo natural, nos referimos a un abuso de autoridad cuando alguien cree tener poder sobre otro, acto que sucede generalmente en las relaciones asimétricas. Si bien lo más visible de la violencia directa es la violencia física, manifestada a través de golpes que suelen dejar marcas en el cuerpo (hematomas y traumatismos), no por ello es la única que se practica, puesto que toda acción destructiva contra la naturaleza también debe de entenderse como violencia directa”.

“De violencia directa podemos diferenciar tres tipos, dependiendo contra quien atente:

1) “Toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contra la biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.)”.

2) “Contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género, violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, etc.)”,

3) “Contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras, guerras, terrorismo, etc.)”.

“La violencia estructural está originada por todo un conjunto de estructuras, tanto físicas como organizativas, que no permiten la satisfacción de las necesidades. Esta es la peor de las tres violencias (cultural, directa y estructural), porque es el origen, es la más dañina y como es complicado identificarla es difícil luchar contra ella. Si en un problema siempre una parte sale ganando a costa de la otra, esto no es un conflicto sino que es violencia estructural. Por tanto, nos encontramos ante un grave problema”.

“El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, por tanto, no hay la necesidad de violencia directa. El término violencia estructural remite a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos sociales (normalmente caracterizados en términos de género, etnia, clase nacionalidad, edad u otros) en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social”.

Violencia estructural se subdivide en interna y externa:

1) “La interna emana de la estructura de la personalidad de cada uno”.

2) “La externa proviene de la propia estructura social, ya sea entre seres humanos o sociedades. De acuerdo con Galtung, las dos principales formas de violencia estructural externa, a partir de la política y la economía, son: represión y explotación. Ambas actúan sobre el cuerpo y la mente, y aunque no sea consuelo para las víctimas, no necesariamente son intencionadas”.

“Por otro lado, también se han descrito dos tipos de violencia estructural, la vertical y la horizontal”:

1) “Vertical: “es la represión política, la explotación económica o la alienación cultural, que violan las necesidades de libertad, bienestar e identidad, respectivamente”.

2) “Horizontal: “separa a la gente que quiere vivir junta, o junta a la gente que quiere vivir separada. Viola la necesidad de identidad”.

Como bien se puede percibir del Triángulo de la Violencia, la violencia es propia, es parte, de las sociedad y más claramente en una sociedad segregacionalista como la chilena. Así, la condena transversal de condenar a la violencia venga de donde venga carece todo sentido real y pasa a ser hipócrita por cuanto el objetivo central es borrar de la faz de la tierra el derecho de los explotados a la rebelión y a la autodefensa contra una sociedad violenta, que los violenta a cada rato en forma visible e invisible, en forma directa e indirecta donde la clase dominante y el Estado Opresor lleva el pandero, las de ganar sin que por ello nazca la resistencia popular legítima, la violencia popular y su hermana mayor, la violencia revolucionaria. Pretenden convencernos que la única violencia válida y necesaria es aquella que proviene del Estado y desde la clase dominante e invalidar la autodefensa de las masas. Es ahí su hipocresía. 

 

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