GENOCIDIO CONTRA LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA EN EL PERÚ

GENOCIDIO CONTRA LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA EN EL PERÚ
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PRONUNCIAMIENTO SOBRE EL GENOCIDIO ORDENADO Y EJECUTADO POR EL GOBIERNO APRISTA Y LAS FFAA DEL PERÚ

 

EL GENOCIDIO DEL 19 DE JUNIO.

Como hemos visto, parte de la guerra contrarrevolucionaria es el genocidio y así como se desató en el campo, ante el mayor desarrollo de la guerra revolucionaria, el genocidio se extendió a la ciudad con el gobierno de Alan García Pérez, expresándose en Garagay, y el 4 de octubre en Lurigancho. Es dentro de este marco general y el específico del plan de genocidio llevado desde años atrás contra los prisioneros de guerra, que debe enfocarse el genocidio de junio y en la perspectiva de la celebración del congreso de la llamada Internacional Socialista donde Alan García pretendía encumbrarse como "dirigente tercermundista", buscando además fortalecer su gobierno internacionalmente y, así, en mejores condiciones golpear la guerra popular en la parte que él consideraba más débil, los prisioneros de guerra; sumado a esto la venganza de la Marina por el aniquilamiento de Ponce Canessa miembro de su Estado Mayor y teniendo como antecedente las provocaciones sistemáticas contra los prisioneros de guerra en golpizas, amenazas de muerte, detención y persecución de sus familiares y defensores, la campaña de traslado al nuevo campo de concentración de Canto Grande, los vuelos de reconocimiento sobre el Frontón, las incursiones de la Marina y la aprobación por el Parlamento del regreso de los prisioneros a las cárceles de sus lugares de origen hacia ver claramente que el plan de genocidio apuntaba a su aplicación en mayor escala por uno u otros medios, buscando el gobierno aprista y las Fuerzas Armadas reaccionarias el momento más favorable políticamante a sus fines. El 18 de junio de 1986 los prisioneros de guerra de El Frontón, Lurigancho y el Callao se levantaron en rebelión contra el nuevo genocidio en marcha, después de haberlo anunciado públicamente ante los tribunales y autoridades, reiteradamente; se rebelaron en defensa de la revolución y de sus vidas demandando 26 reivindicaciones muy justas y racionales, siendo respondida por el Estado reaccionario, bajo la dirección política de García Pérez y su gobierno y a través de sus Fuerzas Armadas y Policiales, con un monstruoso genocidio de exterminio que ha repercutido mundialmente con la horrorizada condena de la bárbara matanza, derrumbando como castillo de naipes el pregonado prestigio internacional de Alan García; y generando en el país la más grave crisis del gobierno aprista agudizando las contradicciones en la propia reacción, removiendo las instituciones políticas particularmente a la autodenominada Izquierda Unida (IU) y en especial a Barrantes Lingán el aprista encubierto que la encabeza, y remecido profundamente a todo el pueblo peruano, arrancándole la careta al Apra y mostrando su verdadero carácter reaccionario de fascista y corporativo.

El 18 de junio del 86 a las 6 am., los prisioneros de guerra toman rehenes y exigen la solución de las 26 demandas que, en síntesis, era el respeto a las actas del 1 6 de julio y 31 de octubre de 1985 para lo cual piden la formación de una Comisión integrada por Autoridades, Familiares y sus Abogados; y, esto lo hacen conocer a los Jueces de Ejecución Penal y Fiscales de los 3 penales, viéndose éstos impedidos de cumplir sus funciones por la orden del Consejo de Ministros presidido por Alan García que dispuso el aplastamiento de la rebelión por las Fuerzas Armadas, a cuya dirección se sujetarían las Fuerzas Policiales.

El ejército fue el encargado de desatar el genocidio en Lurigancho y bajo su mando la Guardia Republicana (Llapan Atic); habiendo bombardeado con granadas de guerra explosivos y bazucas el Pabellón Industrial para posteriormente rematar a los heridos y fusilar a los sobrevivientes que según el propio Alan García habrían sido 100, los que fueron desnucados, atravesados con bayoneta y cercenados. En el Callao la encargada fue la Fuerza Aérea y bajo su mando la Guardia Republicana; con explosivos y baleamientos tomaron el control del penal asesinando a 2 prisioneras de guerra y masacrando a las sobrevivientes, para luego secuestrarlas y llevarlas a la cárcel de varones de Cachiche por un mes y, posteriormente, a Canto Grande. En el Frontón, se consumó una siniestra venganza de la Marina de Guerra habiendo atacado con cañones, explosivos, bazucas, FAL, granadas de guerra, por aire, mar y tierra; no pudiendo tomar el control hasta después de 20 horas por la feroz resistencia librada por los prisioneros de guerra, pese a encontrarse en condiciones muy inferiores; para después ensañarse con los heridos y cadáveres, dejando el Pabellón Azul reducido a nada destruyéndolo totalmente, luego de haber secuestrado a más de sesenta (60) y fusilado un número indeterminado de prisioneros de guerra. Sólo quedaron treintaicinco (35) sobrevivientes reconocidos. En total en las tres LTC doscientos cincuenta asesinados (250).

Los responsables de este crimen monstruoso son en primer lugar, Alan García Pérez, la dirección del partido aprista, el Consejo de Ministros incluido Alva Castro porque fue consultado, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Policiales, principalmente los jefes de las distintas armas, especialmente superiores que ordenaron, planificaron y ejecutaron este negro genocidio; en segundo lugar, la dirección de la Izquierda Unida y principalmente Barrantes son corresponsables. En tercer lugar, los dirigentes de los partidos políticos, así como los jerarcas de la Iglesia que fueron comunicados de la situación y de las medidas dispuestas y no hicieron nada. Luego, no se puede menos que condenar los infundios, las infames imputaciones de los diversos medios y órganos de información entre los cuales está el semanario Amauta. También tiene responsabilidad la llamada Comisión de Paz, la Corte Suprema, el Colegio de Abogados de Lima principalmente, ¿qué hicieron?; la siniestra labor de Elejalde, entonces Fiscal de la Nación, que justificó el genocidio; el papel funesto de Luis Alberto Sánchez; la siniestra labor de Aquézolo, Mantilla que estuvo disparando en los hechos. La complicidad infame de Willy Brandt, de Carlos Andrés Pérez.

El genocidio del 19 de junio ha dado como resultado un triunfo político, militar y moral a la revolución dándonos incluso un DIA DE LA HEROICIDAD como un monumento imperecedero que guardaremos siempre.

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