CHILE. APRUEBO / RECHAZO. EL ENGAÑO DEL PROGRESISMO

CHILE. APRUEBO / RECHAZO. EL ENGAÑO DEL PROGRESISMO
Compartir con redes sociales

Las categorías políticas, aquellas que se usan para denominar a los sectores sociales, clases en pugna son siempre engañosas por lo general no permiten visualizar el real contenido de clase que cada uno de esos sectores entraña. Esto se hace mucho más confuso y difuso ante los pueblos cuando esas categorías saltan al campo de la ideología para denominar a los sectores antes mencionados. Así, tanto los conceptos izquierda y derecha, progresista y reaccionario pierden su contenido si es que alguna vez lo tuvieron. Estos conceptos al final enconden las contradicciones de fondo: capital y trabajo, capital e imperialismo, reforma y revolución, capitalismo y socialismo, los pueblos y neocolonialismo: burgueses y proletarios.

El proceso degenerativo del reformismo, de la socialdemocracia y/o del eurocomunismo ha dado pie para el nacimiento de otro concepto que al final es un concepto tan amplio que termina atrapando todo, todo lo que la ola de la ideología dominante bota y crea. Ahí aparece el “progresismo”.

Para cualquiera con un mínimo de alfabetización, el concepto “progresismo” se relaciona inmediatamente con la idea de progreso, de avanzar hacia delante, de arribar a condiciones mejores de vida y evidentemente ese progreso no puede abrupto sino paso a paso con una política interminable de reformas donde aquellos que la impulsan le imponen a la mayoría que clama por cambios estructurales radicales que se armen de paciencia, de tolerancia y de una comprensión también infinita en pro de un progreso que nunca termina en llegar para esa mayoría productora, para la clase explotada. El progreso al final es reservado para la clase opulenta, para la clase empresarial, para los ricos y patrones.

Pero, ¿a qué se refiere el progresismo en el plano político?

El progresismo es un bolsillo de payaso, amplio donde se encuentra de todo. Pero en el plano político, el progresismo se puede “dividir” en dos ramas que la verdad no son en nada antagónicas, que forman parte de la misma gran familia con los mismos objetivos y que sólo se enfrentan por cuotas de poder en relación a quien administra de mejor forma y en forma más eficiente el modelito. Por un lado, encontramos al “progresismo de centro-izquierda” ese cuyas raíces las encontramos en los antiguos partidos obreros y populares nacidos al comienzo del siglo XX hoy completamente degenerados. Por otro lado, encontramos al “progresismo de derecha” que tiene sus raíces en los antiguos partidos liberales y conservadores ambos oligárquicos y que hoy se presentan bajo el rótulo de “nueva derecha”, “derecha social”, “centro-derecha”. Ambos sectores se disputan la idea de progreso, pero dentro de los márgenes del capitalismo y de su democracia formal burguesa. Pero esta no es lo que confunde a la mayoría.

En el plano cultural, ambas “versiones” de progresismos avanzan por el mismo carril y tienen los mismos objetivos. Ambos desde su discurso político-cultural pretenden ocultar la verdad evidente que nuestra sociedad es una sociedad de clases antagónicas, y que la lucha de clases es algo imposible de ocultar. Con ello pretenden esconder la existencia de una minoría opulenta y una mayoría miserable. Para ello centran sus discursos en los derechos de las minorías y en la igualdad de derechos. Aparecen las disidencias sexuales, el matrimonio igualitario, la paridad de género, la plurinacionalidad, la ampliación de derechos sociales a nivel constitucional, el capitalismo verde, mayores derechos para las organizaciones ciudadanas de fiscalización pro derechos de los consumidores, el diálogo social, el consenso político etc. Todo ello lo pretenden convertir en el centro de la sociedad como de la lucha política.

Así podemos encontrar movimiento pro diversidad sexual ligados a la centro-izquierda como a la derecha con planteamientos convergentes ocurriendo también lo mismo en los otros planos antes mencionados. Ese ciudadananismo, ese progresismo actúa en forma coordinada y se muestra como un amplio espectro de vanguardia. Por ello, la propuesta de constitución emanado de la Convención Constitucional gasta gran parte de su articulado en los derechos y en la ampliación de los mismos de la problemática señalada más arriba sin siquiera reconocer la existencia de clases sociales en ninguno de sus párrafos. Se invisibiliza la lucha de clases y se reemplaza por los “temas emergentes” de las minorías.

Pero lo que no muestran los progresistas de uno y otro lado es que ambos están de acuerdo en lo sustancial: la mantención del capitalismo.

El debate político en Chile ha avanzado a tal grado que tanto los progresistas de centro-izquierda como aquellos de la derecha han confluido en la creación de un Estado Social de Derechos. Ambos levantan la bandera que el nuevo Estado debe tener una mayor capacidad interventora y cautelar la promoción y protección de los derechos sociales sin que por ello el sector privado pierda relevancia o centralidad. Este mantendrá sus ganancias y su condición de industria en áreas tan sensibles como la salud, la educación, la vivienda, la previsión social entre otros.

Pero, desde el progresismo de la centro-izquierda pretenden asociar ese Estado Social de Derechos a un equivalente del actual Estado Subsidiario y por ende a la muerte del neoliberalismo lo cual es completamente falso. Se sabe que la ola neoliberal también llegó a Europa cuna de los Estados de Bienestar (otra forma de denominar el Estado Social de Derechos) y se sabe que a pesar que el Estado han mantenido ciertos derechos sociales las políticas neoliberales se vienen aplicando hace rato y desde ese centro europeo hacia las naciones neocolonizadas. Entonces, el Estado Social de Derechos bien puede convivir con una economía o con políticas neoliberales. No se muestran antagónicas ni irreconciliables sino compatibles por cuanto ambos son parte del proyecto capitalista y en el caso de los europeos ambos son esenciales para también perpetuar su poder imperialista.

Es por esta razón, y a la luz del plebiscito del 4 de septiembre entre Apruebo y Rechazo del nuevo texto constitucional, que ambas versiones mediáticas del progresismo se muestran cada vez más proclives a llegar a un nuevo acuerdo interburgués que como lo ha señalado Gabriel Boric, en el caso que gane la opción Rechazo se debería convocar a una nueva convención y generar un nuevo pacto social transversal. En ambas opciones, Apruebo y Rechazo, es factible encontrar a dirigentes políticos de centro-izquierda como derechas y ambas opciones han señalado que sin importar cuál triunfe se debe producir la reforma del nuevo texto constitucional, un nuevo pacto social de gobernabilidad, cuidando la marcroeconomía, dando certezas al mercado, con responsabilidad fiscal, otorgando garantías a los capitales extranjeros para que inviertan y sobre todo cuidando el carácter de clase del Estado como su esencia contrainsurgente más allá que se llame Estado Subsidiario o Social de Derechos.

La propaganda política intentará imponer sólo dos opciones a la población en una nueva versión del chantaje al cual nos tienen acostumbrados en una especie, también, de un maniqueísmo mediático y ambos bajo las “lógicas” progresistas. Este es el proceso más agresivo de vaciar la política, en su más profunda definición, de todo contenido, y convertirla en algo sin sentido, carente de objetivos claros, reemplazar los contenidos esenciales por la propaganda, la farándula política y las “cápsulas” periodísticas. El progreso en definitiva lo pretenden asociar solamente a ellos, a estas dos opciones que al final son dos opciones de un mismo proyecto.

En tal sentido constituye un grave error y expresión de oportunismo político que sectores que se autodefinen como de "izquierda" o izquierda revolucionaria hayan sido presa fácil y se hayan puesto a disposición de la Opción Apruebo que constituye una de las salidas burguesas a la crisis del capitalismo cuyo eje son las políticas progresistas de la centro-izquierda y donde estas fuerzas de izquierda no tendrán fuerza alguna para dotar esa salida de un contenido de clase terminando sometidos a la conducción de esta facción burguesa. La debilidad ideológica, el oportunismo es evidente y sólo aporta en la confusión político-ideológica de los trabajadores. Nada sirve que estos sectores levanten aquello de "Aprobar para seguir luchando" o "Apruebo crítico" ambas opciones carentes de contenido de clase y alejado de cualquier definición de una política revolucionaria seria. 

 

 

COMMENTS

Wordpress (0)
Disqus (0 )