CHILE: NO SE NEGOCIA NI SE DIALOGA CON TERRORISTAS

CHILE: NO SE NEGOCIA NI SE DIALOGA CON TERRORISTAS
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A poco más de un mes que asuma el presidente electo, Gabriel Boric, ante los nuevos sucesos en el Wallmapu (Araucanía) y el “avance” en la discusión sobre el indulto o amnistía a los presos políticos de la revuelta, nuevamente ha aparecido el mantra aquel de “con los terroristas no se negocia ni se dialoga” en referencia a quienes se encuentran privados de libertad. Este discurso de la derecha fascista ha logrado ser escuchada y asumida por el progresismo y por el mismísimo Gabriel Boric que durante la campaña presidencial bajo la exigencia de libertad a TODOS los presos políticos a estudiar caso a caso y excluir a quienes cometieron saqueos, incendiaron y otros. .

Esta postura tajante de la derecha fascista, a sabiendas que la única forma para que el modelito se pueda volver a relegitimar es mediante la “pacificación” a través de una amnistía, tiene como finalidad lograr el “empate moral” y ampliar esa amnistía a los policías y militares que cometieron terrorismo de Estado durante el estallido todos los cuales han quedado en la total impunidad. Esta demanda de la derecha fascista también ha tenido eco tanto en Gabriel Boric como en uno de los pilares del Frente Amplio y miembro de la Convención Constitucional, Fernando Atria cuando señala que:

“El proyecto de indulto general debería ser presentado como una cuestión de pacificación, no de beneficiar a determinados presos, y eso supone abrir la discusión a cuestiones adicionales. Por ejemplo, que dentro de esa discusión se incorpore el debate sobre medidas de reparación no solo a quienes sufrieron daños físicos, sino también a las personas que sufrieron daños materiales. Y la otra cosa es que un proyecto como este debería discutir los casos, que no son todos, en que ese indulto general debería alcanzar a los miembros de las fuerzas de seguridad, de policías”.

Pero, ¿qué tan cierto es aquello de “con los terroristas no se negocia ni se dialoga”?

La derecha no tiene moral para hablar sobre terrorismo por cuanto fueron parte de la dictadura militar-burguesa durante 17 años la cual ejerció el terrorismo de Estado y cometió crímenes contra la humanidad como genocidio. Implementó la tortura, la ejecución sumaria, la desaparición forzada de personas y la justificación de los mismos.

Pero, no sólo eso. La derecha posterior al término formal de la dictadura defendió la impunidad de los criminales y en especial de los altos mandos y de los cuerpos de exterminio como también defendió la prolongación del régimen terrorista construido expresado en la Constitución de 1980, de toda la legislación nacida bajo ese paraguas y con ello todo el modelo neoliberal.

El progresismo tampoco tiene moral para abrazar aquello de “con el terrorismo no se negocia ni se dialoga” ya que su historia lo delata.

Fue en 1985, en plena dictadura, donde el progresismo firma el Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia donde negociaron con las fuerzas políticas terroristas sustentadoras de la dictadura y con la dictadura misma donde pactaron la prolongación y perfeccionamiento de todo el modelo, régimen y sistema construido e impuesto durante la dictadura pacto que denominaron “transición a la democracia” que duró hasta el estallido social del 2019.

La instalación del primer gobierno civil-burgués pos dictadura, Patricio Aylwin y con ello el parlamento, no fue más que asumir y hacer propio el régimen terrorista y validar todo el armado político-jurídico nacido en esa época. Pero no sólo eso, el rescate de Pinochet de la justicia internacional en Londres por parte de la Concertación fue el rescate del mayor de los terroristas que ha conocido la historia.

La permanente negociación con los “generales civiles del golpe de Estado” contra Salvador Allende, vale decir, el empresariado y los poderes económicos en función de hacer “eficiente” y “atrayente” a las masas del modelo neoliberal fue otra faceta de la negociación con el terrorismo empresarial al cual se lanzó la Concertación sin muchas dificultades ni reparos morales o éticos.

La política terrorista de Estado también continuo durante todo el período de la transición a la democracia mediante la paciente construcción del “enemigo interno”, de la criminalización de los movimientos y luchas sociales, de la militarización de los territorios, de las policías y de los conflictos. Se endurecieron las leyes con la finalidad de limitar al mínimo el ejercicio del derecho a la protesta y el derecho a reunión. Se asesinaron a 100 personas desde 1990-2019 en el contexto de protestas, se implementó la tortura y la prisión política en el mismo período contra luchadores sociales al mismo tiempo que los criminales represores quedaban en total impunidad y dichos crímenes sin investigación. Todo esto en una flagrante colusión política entre el progresismo y la derecha fascista que negociaron entre ambos la “paz social” y la represión contra el pueblo.

Pero la negociación entre las facciones burguesas-terroristas no quedó ahí.

La firma del Acuerdo Nacional por la Paz y una Nueva Constitución (2019) entre el progresismo y las fuerzas políticas que sustentaron la dictadura de Piñera fue la reedición de esa negociación y diálogo que ha existido siempre, como de ese consenso burgués, que siempre aparece y que siempre ha estado latente cada vez que los intereses de la clase dominante peligran. Todo esta negociación y firma del acuerdo fue en medio de la más brutal, sistemática y masiva violaciones a los derechos humanos, de crímenes contra la humanidad cometidos por un gobierno civil. El terrorismo de Estado ejercido por Piñera no fue obstáculo para que el progresismo pactara y con ello la impunidad sobre dichos crímenes.

El nuevo gobierno de Gabriel Boric asumirá sobre esa negociación inter terrorista, sobre esos crímenes contra la humanidad, sobre el ejercicio del terrorismo de Estado y sobre la impunidad general de los criminales o agentes del Estado que ahora pretenden legalizar.

Cuando los terroristas de la clase dominante buscan deslegitimar y criminalizar la justa protesta social o el ejercicio del derecho a la rebelión tachan de “terroristas” a esos movimientos sociales, al pueblo, en la lógica del “enemigo interno” donde para ello utilizan todos los medios terroristas de desinformación de masas que tienen a su disposición y que justifique nuevas represiones y nuevas militarizaciones de los territorios. Pretenden nuevamente legitimar la violencia del Estado y deslegitimar el legítimo derecho que le asisten a los pueblos de ejercer su propia violencia o autodefensa ante la agresión permanente y planificada por quien monopoliza los medios de coacción y represión desde el derecho burgués: el Estado.

En el plano internacional estos terroristas criollos no dudan en aliarse con el fuerzas terroristas internacional, el imperialismo, que ha bombardeado cuanto país se le ha ocurrido, asesinado a millones de civiles, niños, mujeres y ancianos, sometido gran parte de la humanidad a la pobreza, saqueo y hambruna y que ha llevado a todas las formas de vida a su próximo colapso. A estas fuerzas terroristas imperiales, los criollos llaman "modelo democráticos" de los cuales se debe aprender y que constituyen el ejemplo que nos quieren imponer. La negociación con esos terroristas y criminales no es un problema sino un placer. 

Los terroristas de la clase dominante no tiene moral ni derecho para alzarse como los defensores de los derechos humanos, de la paz social toda vez tienen sus manos empapadas de sangre y un historial criminal que viene desde siempre. Los únicos terroristas que ha conocido la historia han sido ellos mismos y sus distintas facciones. Las reacciones y respuestas del pueblo en sus luchas no es más que consecuencia lógica en el camino de conquistar una vida digna, las demandas más sentidas como la conquista del legítimo derecho a la autodeterminación y a su plena liberación. ¡Terrorista tu madre!

¡LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS!

¡CÁRCEL PARA LOS REPRESORES-TERRORISTAS!

¡IMPUNIDAD JAMÁS!

PD: en los momentos que se escribe esta nota, Gabriel Boric, presidente electo de Chile, recibe, dialoga y negocia con los presidentes de los partidos terroristas de la alianza de la derecha (UDI, Renovación Nacional, Evopoli y PRI)

 

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