CHILE: ¿UN PAÍS DE DERECHAS?

CHILE: ¿UN PAÍS DE DERECHAS?
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Fue en 1826 donde Manuel Blanco Encalada asume como presidente interino y quizás el primer funcionario con esa denominación.

Desde ese momento en adelante la presidencia se ha ido cambiando de “bando” pero dentro de la misma clase dominante o de la oligarquía. Pipiolos, pelucones, liberales, conservadores, liberales-conservadores, liberal-democráticos, radicales, socialcristianos se han ido turnando como los representantes y defensores de la clase dominante y de sus intereses. Todos ellos representantes de ese sector que se denomina la “derecha”.

Gobernaron, estas facciones oligárquicas, en forma ininterrumpida desde 1826 hasta 1938, año en que asume Pedro Aguirre Cerda, Frente Popular, transcurrieron 112 años de los cuales Pedro Aguirre Cerda alcanzó a gobernar tres, producto de su fallecimiento por enfermedad.

Desde 1941 hasta hoy, 2021, la diferentes facciones oligárquicas y burguesas continuaron con su dominio gobernando en este período 80 años. De estos 80 años Salvador Allende gobernó solamente tres años sin poder terminar su mandato como consecuencia del golpe de estado.

Del total de los 195 años donde se ha ejercido la presidencia de la república solamente 3 años, Salvador Allende, han sido gobernado por un gobierno de izquierda y 6 años si se agregan los 3 de Pedro Aguirre Cerda. Una ínfima parte de la historia, 3 años en estricto rigor, los destinos de Chile han estado al mando las fuerzas sociales que históricamente han sido aplastadas, excluidas, explotadas y sometidas a las más brutales represiones y políticas públicas parecidas o iguales a la segregación racial en Sud África.

Resulta interesante que de estos 195 años solamente 48 años Chile ha estado bajo la dictadura del neoliberalismo y aun así la miseria del proletariado ha sido histórica desde 1826, y desde antes, y no como nos lo han querido hacer pensar aquellos que plantean que no son 30 pesos sino 30 años.

Ha sido el capitalismo el que históricamente ha sumido a la gran mayoría social de Chile, el proletariado, en la miseria y la que ha cometido 25 matanzas a lo largo de la historia en defensa de los intereses de la clase dominante de siempre.

Pero, ¿cómo ha sido posible esto?

Más allá de la concentración del poder por parte de los dueños del capital, la clase dominante, esta ha sido hábil en desarrollar históricamente una lucha ideológica efectiva y terrorífica destinada a convencer a sectores importantes de los pueblos y de los trabajadores que es la oligarquía, y solamente la oligarquía, la que puede gobernar los destinos de la “patria” hacia niveles de desarrollo cada vez superiores. Pero no sólo eso.

Han hecho un trabajo tan efectivo que no sólo han convencido a ese sector importante del pueblo en torno a aquello sino también a imponer la idea que solamente desde dentro de la legalidad burguesa-capitalista, mediante la incorporación del pueblo, y de sus representantes, al interior del Estado y de sus instituciones (parlamento, presidencia, electoralismo) es la única vía para que mediante el “diálogo republicano y democrático”, mediante el “consenso político” se pueden hacer políticas “públicas” y de “Estado” que tengan como centro el “bien común”. Y avanzan más allá para decir “cuando le va bien al gobierno le va bien a la patria, a la nación”, aquí tenemos que entender por “gobierno” a la clase dominante y a la “patria o nación” también a esa clase social minoritaria.

Pero ese terror ideológico desarrollado no sólo ha calado al interior del pueblo, sino que se ha hecho carne en los “representantes de los trabajadores”, de la “izquierda” que ha asumido el ideario burgués-liberal como propio y con ello el electoralismo, el etapismo y el reformismo. La clase dominante fue capaz de convencerlos en que la “coexistencia pacífica” entre las clases como la “conciliación de clases” es el único camino para alcanzar niveles de desarrollo óptimos y que para ello resulta indispensable el enterrar la lucha de clases y la revolución que se opone tenazmente a ese consenso y conciliación.

Esa izquierda no sólo asumió el reformismo sino también se institucionalizó asumiendo las formas de trabajo y las estructuras propias de los partidos burgueses (ley de partidos políticos) dejando atrás el carácter secreto y clandestino de los partidos obreros revolucionarios, su organización en células, etc para asumirse como partidos de masas, abiertos, públicos y asambleístas. Reciben, al igual que los partidos burgueses, financiamiento del mismo Estado que oprime al proletariado y se someten a la misma constitución que ha sido escrita con sangre y no con tinta y que sólo refleja la voluntad de la clase dominante y no la de los pueblos. Sumisión casi completa. Pero falta.

Para que esa izquierda sea invitada a la mesa del patrón tiene que cumplir con lo fundamental: renovarse y avanzar hacia la renuncia de la ideología revolucionaria. No es suficiente para ello el asumir el reformismo, sino que debieron avanzar en abrazar el revisionismo y posteriormente avanzar aun más y desechar el reformismo para abrazar el progresismo como propio. Si en algún momento la clase dominante utilizó la desestalinización de la mano del PCUS y de Nikita Jrushchov posteriormente fue el turno del eurocomunismo hasta llegar a imponer la socialdemocracia al interior de los antiguos partidos obreros ya degenerados. Ese ha sido el derrotero que ha permitido que la oligarquía haya gobernado los destinos de Chile casi en forma continua.

Las elecciones del 2021

En el contexto actual, las dos candidaturas que se presentan desde la “izquierda”, Daniel Jadue, Partido Comunista, y Gabriel Boric, Frente Amplio, se inscriben en esa “izquierda” que ha bajado todas las banderas históricas del proletariado como su estrategia, para levantar un discurso “rebelde” ante el “sistema” donde cualquiera puede entender cualquier cosa de ello pero en su esencia y programa se levantan como una “izquierda capitalista”, suena raro y contradictorio pero es que también el concepto de “izquierda” da para cualquier cosa y ha pasado a ser como un bolsillo de payaso donde todo es posible que quepa, y por lo demás, así es el progresismo y así son los entreguistas. Ambos se presentan como los socialdemócratas rebeldes si es que eso existiera. Claramente es una fábula y una forma de ocultar la traición. Ellos no tienen reparos en ser parte del festín capitalista. No se arrugan para señalar en que el mercado si lo ha hecho bien en algunas áreas que se deben mantener.

En este contexto histórico, la construcción de un partido revolucionario con una ideología de las mismas características no sólo se debe preparar para combatir a la clase dominante sino también a la versión “rebelde” de esa clase dominante cual es los partidos reformistas y revisionistas que al interior del pueblo buscan confundir a los pueblos y trabajadores y perpetuar la dictadura capitalista. La tarea es titánica

El programa de Daniel Jadue es "socialdemócrata"

https://www.cnnchile.com/lodijeronencnn/ramon-lopez-asesor-economico-daniel-jadue-programa-gobierno_20210621/

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