LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA, LA AUTODETERMINACIÓN Y LA SOBERANÍA POPULAR

LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA, LA AUTODETERMINACIÓN Y LA SOBERANÍA POPULAR
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La democracia y su defensa se ha utilizado siempre por la clase dominante como argumento para desarrollar todas las políticas represivas partiendo desde la represión policial, pasando por las matanzas hasta llegar al golpe de estado todo con la finalidad de frenar el avance popular.

También la democracia actúa como ese lugar mitológico que sólo conoce la clase burguesa reservando para el pueblo ese “esfuerzo individual meritocrático” cada trabajador debería realizar para alcanzar los niveles óptimos en esa “calidad de vida” que actúa como espejismo. Esto da cuenta del estado no-democrático en que vive la mayoría de la población, el pueblo.

Las condiciones extensas de miseria son atenuadas por ese juego eterno de la democracia burguesa y todo su andamiaje partiendo por la ilusión de la separación de poderes al mismo tiempo en que se concentra el poder y las riquezas cada vez más.

Pero lo más curioso es cuando es la izquierda que sale raudamente en la defensa de la democracia (de la democracia burguesa) cuando la autodeterminación o la soberanía popular no son respetadas o cuando el “estado de derecho” (burgués) se puede poner en peligro por alguna insurrección fascista como lo fue en Chile con el Tacnazo, 21 de octubre, 1969.

Fue el general Roberto Viaux el que subleva el regimiento Tacna contra el gobierno burgués de Eduardo Frei Montalva (demócrata cristiano) y futuro artífice, Frei, del golpe de estado contra Salvador Allende cuatro años más tarde. 

Fue en esa oportunidad que el Partido Comunista salió a la calle en “defensa de la democracia”, la misma democracia que años y decenios antes ya había regado con sangre obrera y originaria las calles y valles de Chile con más de 20 matanzas a lo largo de su historia. ¿Cómo se puede defender un sistema “democrático” que nunca ha defendido a las grandes mayorías, sino que la ha masacrado?

Desde la Revolución Bolivariana

Desde la llegada al gobierno de Hugo Chávez en adelante se han sucedido varios gobiernos populares algunos de los cuales han sido derrocados utilizando para ello el parlamento o el poder judicial como fue el caso de Lugo, Zelaya y otros y en todos esos casos quienes apoyaron esos gobiernos han reclamado, entre otras cosas, que se ha quebrantado la democracia y el Estado de Derecho. Pero ¿cuál democracia? ¿qué estado de derecho? Si ambos conceptos se encuentran previamente definidas por la clase dominante y es esta la que históricamente cambia sus definiciones según sea el desarrollo del capitalismo en que se encuentra y los ajustes que esta siente necesario realizar.

Esta actitud y argumento es a lo menos contradictorio por cuanto esos movimientos populares que pusieron a esos mandatarios en el poder político, se construyeron precisamente bajo la consigna de construir una verdadera democracia que los sacara de la miseria, de la explotación y del saqueo de las transnacionales. Levantan en ese proceso la bandera de la autodeterminación de los pueblos en contraposición de la democracia burguesa, del imperialismo, en definitiva, toman distancia y se oponen a la democracia de los ricos. Entonces, ¿qué democracia se debe defender cuando es la burguesía la que no respeta sus propias reglas? Claramente no se puede defender una democracia que nunca ha sido nuestra. Levantar esa bandera sólo ayuda a desvirtuar una lucha y proceso que pudo haber comenzado pulcro.

El Nazifujimorismo-montecinos

La reciente elección en Perú dio como ganador al profesor Pedro Castillo (Perú Libre) por sobre la nazifujimorista-montecinos, Keiko.

Pasadas ya semanas desde ese entonces, la conspiración de la mafia nipona ha frenado la proclamación de Pedro Castillo como presidente electo por parte de los organismos llamados para tales efectos lo cual constituye un golpe de estado contra el presidente electo que aun no asume funciones, es decir, es un golpe de estado de anticipación.

El pueblo ha salido a las calles para que se respete su voluntad (soberanía popular) ya que de ello depende la convocatoria a una asamblea constituyente para que se redacte una nueva constitución. Sin embargo, en las últimas semanas han aparecido llamados a movilizarse en “defensa de la democracia”. Nuevamente un puede quedar perplejo ante ese llamado.

¿Acaso no fue hace poco que se realizó la Operación Olimpo mediante la cual se puso tras las rejas a más de 70 dirigentes sociales de Movadef y Fudepp? Aun existen presos políticos derivados de la guerra interna.

¿Acaso no han sido las movilizaciones populares las que han derrocado a sucesivos gobiernos por los altos grados de corrupción? Las condiciones de miseria al interior del pueblo son considerables.

Índices económicos de Perú

https://elpais.com/economia/2021-05-15/la-pobreza-alcanza-al-30-de-los-peruanos-debido-a-la-pandemia.html

Ante esta realidad, ¿cabe salir a las calles por la “defensa de la democracia”? Pareciera que no. Tampoco esta democracia ha defendido al pueblo sobre el cual se ha construido e impuesto a sangre y fuego. Salir en la defensa de esa democracia es salir en la defensa del propio verdugo. No puede un esclavo defender el modelo esclavista ni menos las cadenas, los grilletes ni la soga. 

Entonces, ¿qué se debe defender?

Lo que corresponde defender es precisamente la autodeterminación del pueblo que es anterior al sistema democrática vigente, que nace desde el “soberano”, que es el pueblo, y es donde radica el poder “constituyente y originario”.

Se debe defender la “soberanía popular”, la voz del pueblo que se expresó en las urnas claramente.

Pero ambas cosas se deben defender desde la necesaria independencia de clase, en el entendido que es el pueblo el que sólo puede conquistar sus legítimas demandas y no la clase burguesa, ni ninguna de sus facciones por más progresistas que se presenten por él.

Defender ambos principios partiendo de la base que la democracia actual no es la “democracia del pueblo” sino una democracia burguesa y en tal sentido lo que corresponde es que a partir del respeto de esa soberanía popular y autodeterminación avanzar en la superación de la democracia burguesa y la instauración de los nuevos pilares de la nueva sociedad y democracia que deben nacer desde el pueblo organizado. No se puede confundir la defensa del triunfo legítimo con la defensa de la democracia no son lo mismo y no van de la mano. 

¿Por qué la mera proclamación de Pedro Castillo como presidente electo de Perú por parte del organismo electoral es lo que transforma a Castillo en presidente si ya está claro que él ya ganó? ¿Por qué se espera eso y no asume en Castillo como presidente legítimo?

De no asumir Castillo por su propia voluntad, y no esperar a que sea proclamado “oficialmente”, no sólo no se estará respetando la voluntad popular, sino que tendrá el mismo destino que tuvo López Obrador el 2006 cuando denunció fraude, que la elección se le había usurpado y decidió realizar un plantón en el Zócalo. La historia está ahí. Al final asumió Felipe Calderón con un 0,56% a “su” favor. Ahí también se esperó que la “institución funcionara” lo cual no hizo y la voluntad popular fue vulnerada, violada. Ese es el riesgo cuando se cifran toda la “confianza” en el juego democrático, cuando se le reconoce y peor aun cuando se llama a defender esa democracia.

2006: El plantón de AMLO

https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/hoy-se-cumplen-12-anos-del-inicio-del-planton-de-amlo-en-paseo-de-la-reforma/

Finalmente, el problema de fondo es cómo se hace para hacer cumplir, respetar la autodeterminación del pueblo, la soberanía popular más allá de formalidades legales. El problema de fondo es que cuando se cifran todas las esperanzas en el “juego democrático”, en el camino electoral, se debe tener claro, y se sabe solamente mirando la historia de América Latina, que la oligarquía cambia las reglas de ese “juego democrático” cuando les conviene y le da la gana por cuanto tiene el poder. Esperar que la oligarquía respete los resultados y juegue un juego limpio, y pulcro, es desconocer la esencia de esa minoría social privilegiada. Así, como el Che decía que no se podía confiar en el imperialismo ni un tantito así, tampoco se puede confiar en la oligarquía y en la democracia burguesa ni tantito así. La única forma que se logre respetar la autodeterminación y la soberanía popular es cuando el pueblo se decide tomar todo el poder y cuando ya no se contenta con tomar una porción de este como puede ser el poder político, el gobierno. 

 

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